elefunyoga en Barcelona, Sant Cugat y Terrassa: Cuando el cerebro dice mejor NO
Kakasana, Eka Pada Koundinyasana, Titthibhasana y las transiciones entre ellas son mucho más que un conjunto de posturas exigentes. A simple vista parecen una cuestión de fuerza, movilidad o técnica. Sin embargo, quien las ha practicado sabe que el verdadero desafío suele aparecer mucho antes de que los brazos se cansen. Aparece en el instante en que el cuerpo se inclina hacia delante y el cerebro percibe que estamos abandonando una posición segura, percibe el riesgo. En ese momento surge algo muy humano: ¡el miedo! Y con él la duda. *"¿Y si me caigo?"* *"Todavía no estoy preparado."* *"Mejor no arriesgar."* Desde la neurociencia sabemos que el cerebro no está diseñado para hacernos valientes ni para ayudarnos a alcanzar nuestro potencial. Su función principal es mucho más básica y mucho más antigua: mantenernos vivos. Para el sistema nervioso, cualquier situación que perciba como una amenaza, ya sea real o simplemente anticipad, activa mecanismos de protección. El cuerpo se tensa, la respiración cambia, la atención se estrecha y aparecen impulsos destinados a alejarnos del riesgo. No porque exista un peligro real, sino porque el cerebro interpreta que podría serlo. Y el cerebro trata igual lo que percibe desde los sentidos que lo que nosotros recreamos, no distingue esas "realidades". En un equilibrio sobre brazos, el riesgo suele ser mínimo. Quizás una pequeña caída hacia delante o la pérdida momentánea de estabilidad. Sin embargo, el sistema nervioso no siempre distingue entre una amenaza importante y una incomodidad controlada. Detecta incertidumbre y activa el freno: supervivencia. "Mejor quedarte donde estás que estarás seguro". Y aquí es donde la práctica se vuelve fascinante. Porque el yoga nos ofrece un espacio para observar estos mecanismos que nos ayudan o frenan en la acción. La esterilla se convierte en un laboratorio donde podemos estudiar nuestra relación con el miedo, la incertidumbre y el cambio. No desde la teoría, sino desde la experiencia directa. Al intentar entrar en Kakasana podemos observar si dudamos en el último momento. En una transición hacia Eka Pada Koundinyasana quizás aparezca la necesidad de controlar cada detalle. En Titthibhasana podemos descubrir impaciencia, frustración o autoexigencia. La pregunta interesante no es únicamente si conseguimos realizar la postura. La pregunta es: ¿qué hacemos cuando aparece el miedo y la duda? ¿Nos bloqueamos? ¿Nos rendimos antes de intentarlo? ¿Nos exigimos más de la cuenta? ¿Aceleramos? ¿Dejamos de respirar? ¿Perdemos la capacidad de observar? ¿Nos reímos? ¿Probamos? Los patrones que emergen en la práctica son exactamente los mismos que aparecen fuera en el trabajo, en las relaciones personales o en las decisiones del día a día. En el entorno profesional ante una decisión importante, un cambio de responsabilidad, una conversación difícil o un proyecto incierto, nuestro cerebro también evalúa el nivel de riesgo. Y con frecuencia responde activando mecanismos de protección: procrastinación, exceso de análisis, necesidad de control, perfeccionismo o evitación. Son estrategias de supervivencia, las mismas que aparecen al afrontar las posturas de equilibrio. Y me gusta poner el foco en parar y apreciar que estamos reaccionando automáticamente a esos impulsos sin darnos cuenta de que están ocurriendo. Muchas personas no quieren verse en esa situación y opinan que no les gustan los equilibrios sobre brazos. Para mi tienen un valor que va mucho más allá del aspecto físico. Nos permite desarrollar una habilidad fundamental: crear un espacio entre el estímulo y la respuesta. Parar, observarte, conocerte y decidir por qué camino quieres seguir. Cuando sentimos miedo a caer, podemos detenernos. Cuando aparece la tensión, podemos observarla. Cuando surge la reacción automática, podemos reconocerla. Y desde esa observación surge una posibilidad diferente: responder conscientemente en lugar de reaccionar por impulso, decidir tu camino de forma consciente y consecuente: no me animo a tomar ese riesgo, decido no cambiar de residencia, de pareja, de trabajo... o sí, pero sabiendo que lo estoy decidiendo yo. ¡Y eso me parece lo más importante de la práctica! Paradójicamente, cuanto más intentamos forzar el equilibrio, más inestable se vuelve. Cuando aprendemos a respirar, observar y regular la respuesta del sistema nervioso, el cuerpo encuentra una organización más eficiente y la postura aparece con mayor facilidad. Lo mismo sucede fuera de la esterilla. La estabilidad no proviene de eliminar la incertidumbre. Proviene de desarrollar la capacidad de permanecer presentes cuando la incertidumbre aparece. He diseñado tres talleres que te propongo en Terrasa, Sant Cugat y Barcelona donde empezar explorando la parte técnica de Kakasana, Eka Pada Koundinyasana, Titthibhasana... (y mucha más), para observar como si te miras en un espejo, qué sucede con esa otra parte no tan técnica y sí más mental, neuronal o espiritual. Por supuesto, trabajaremos la fuerza, la movilidad y la mecánica necesarias para construir una práctica segura y progresiva. Y también utilizaremos estas posturas como una oportunidad para observar cómo respondemos cuando sentimos que perdemos apoyos, cuando aparece el miedo o cuando el cerebro nos invita a detenernos para protegernos. Porque el yoga no consiste únicamente en aprender nuevas formas de mover el cuerpo. Consiste en conocernos mejor. Y a veces, la manera más clara de descubrir cómo actuamos en la vida es observar qué ocurre en ese preciso instante en el que el cerebro nos susurra: “mejor no lo intentes” .







