La adaptación también se entrena en Barcelona, St. Cugat o donde estés este verano
El calor modifica nuestro descanso, nuestra energía y también nuestra práctica. Pero mientras escribía para este blog y para la newsletter de este mes me di cuenta de que, en realidad, no quería hablar del calor. Quería hablar de algo mucho más cotidiano: nuestra capacidad para adaptarnos. En verano solemos pensar que el calor nos impide practicar. En invierno decimos que hace demasiado frío. Durante el resto del año aparecen el trabajo, el cansancio, las vacaciones o cualquier otra circunstancia que altera nuestra rutina. No son excusas. Son condicionantes reales. La cuestión es cómo respondemos a ellos. Con los años voy aprendiendo que el cuerpo no necesita que las condiciones sean perfectas. ¡Y rara vez lo serán!. Lo que necesita es que aprendamos a escucharlo. Hay días en los que necesitamos movernos con más energía. Otros en los que el cuerpo pide calma. Hay momentos para sostener una postura durante dos minutos y otros en los que tres respiraciones son suficientes. Eso no significa practicar peor. Significa practicar de acuerdo con la realidad de ese momento. Mientras preparaba los módulos formativos del próximo curso volví a leer uno de los primeros sutras de Patañjali, donde define el "Kriya Yoga" a través de tres ideas muy sencillas: práctica consciente ("tapas"), conocerse a uno mismo ("svādhyāya") y aceptar aquello que no depende de nosotros ("īśvara-praṇidhāna"), entregarse. No podemos hacer que el verano sea menos caluroso. Tampoco decidir cómo responderá nuestro cuerpo cada día. Lo que sí podemos hacer es observar cómo estamos, adaptar la práctica y dejar de luchar contra aquello que no podemos cambiar. Con frecuencia pienso que esa es una de las grandes enseñanzas del yoga: No aprender una postura. Aprender a responder mejor. Porque fuera de la esterilla ocurre exactamente lo mismo. El trabajo cambia. Las personas cambian. Nuestra energía cambia. Y nosotros también cambiamos. Aún hoy me sorprendo descubriéndome reaccionar en una postura igual que reacciono fuera de ella. Cuando eso ocurre recuerdo una frase que repito a menudo en clase: "La esterilla es un espejo" Quizá practicar yoga no consista en buscar el momento perfecto. Quizá consista en desarrollar la capacidad de adaptarnos con inteligencia a las circunstancias que la vida nos va presentando. Y esa habilidad, probablemente, sea una de las prácticas más útiles que podemos llevarnos fuera de la esterilla.









