Volver de vacaciones. Práctica en Barcelona y Retiro en noviembre
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Al volver de vacaciones me he encontrado con algo que durante el año interiorizamos y normalizamos y que está ahí, afectando a nuestro comportamiento.
La presión.
Los objetivos que marcamos o nos marcan, los resultados a conseguir, las facturas, la gran competencia que creemos ver por todas partes, las aspiraciones, el miedo al fracaso, las altas expectativas… las deadlines (¡madre mía!)
Y me pregunto:
¿Esta es la sociedad que queremos?
Lo curioso es que nosotros también formamos parte de ella
Es fácil mirar hacia fuera y colocar toda esa responsabilidad en “los demás”.
Las empresas.
La economía.
La sociedad.
Las redes sociales.
El mundo profesional.
Pero hay algo incómodo en esta pregunta: nosotros también colaboramos en construir esa realidad.
También marcamos objetivos. También competimos. También queremos conseguir más. También tenemos miedo a fracasar. También podemos transmitir nuestra propia tensión a las personas que tenemos alrededor.
No estamos fuera de eso que observamos.
Quizá por eso resulta tan interesante volver de unos días de vacaciones.
Porque durante un tiempo hemos salido de nuestro ritmo habitual. Y al volver podemos ver cosas que durante el año simplemente entendemos como “normales”.
¿Qué hacemos cuando aparece la presión?
Hoy en día hablamos mucho de gestionar el estrés. Aprendemos técnicas para organizar mejor nuestro tiempo, priorizar, descansar o intentar reducir aquello que nos sobrepasa. Ah! Y los pensamientos positivos (ya hablaré de eso en otra reflexión)
Todo eso puede ser útil. Pero la presión no siempre desaparece.
Los objetivos siguen ahí. Las facturas siguen llegando. Tenemos las mismas responsabilidades. Hay decisiones que tomar. Hay cosas que queremos conseguir. Y también habrá momentos en los que tengamos miedo de equivocarnos.
Entonces, ¿qué hacemos nosotros con todo eso?
La esterilla como laboratorio
En yoga puedo observarlo de una manera bastante sencilla, porque una simple postura puede generar tensión y con ella aparecen los mismos síntomas:
Necesidad de control.
Miedo a fallar.
Comparación.
Urgencia.
Frustración.
Incluso ganas de abandonar.
Y la postura es la misma, es la que es, pero nuestra respuesta puede ser diferente.
Y eso es lo más interesante. Porque no creo que una postura de yoga nos enseñe automáticamente a gestionar una empresa, una reunión complicada o un problema familiar. ¡Eso sería un gran descubrimiento!.
Pero sí puede ofrecernos un lugar desde donde observar nuestros propios patrones de respuesta.
¿Qué hago cuando algo no sale como esperaba? ¿Me tenso? ¿Acelero? ¿Quiero controlarlo todo? ¿Me comparo? ¿Dejo de respirar? ¿Me enfado? ¿Abandono? ¿Puedo parar un momento y observar?
Eso, para mí, convierte la esterilla en un laboratorio, no solamente para el cuerpo, también para la mente y las emociones, para nuestra manera de relacionarnos con lo que ocurre.
¿Qué dice la ciencia?
Aquí creo que conviene ser prudentes.
La investigación sobre yoga y estrés ha aumentado considerablemente en los últimos años y encontramos muchos escritos al respecto, pero todavía estamos lejos de poder afirmar “científicamente” que «el yoga elimina el estrés» o que funciona igual para todo el mundo.
Una revisión sistemática publicada en Frontiers in Psychiatry en 2024 analizó 13 ensayos clínicos con 1.026 participantes. Encontró efectos favorables del yoga sobre el estrés percibido a corto plazo frente a grupos de control pasivo. Sin embargo, los autores calificaron la calidad de esta evidencia como baja y señalaron limitaciones metodológicas y heterogeneidad entre los estudios.
Otro análisis publicado en Health Psychology Review en 2025, analizó 36 estudios y encontró un efecto moderado del yoga en la reducción del estrés percibido. Pero también encontró una considerable heterogeneidad: las características de los estudios explicaban una parte importante de las diferencias entre resultados.
Aunque hay otra forma de conocimiento que para mí tiene mucho valor: la experiencia.
¿Qué dice la experiencia?
Después de muchos años practicando y acompañando a personas en su práctica, puedo hablar de lo que observo.
¿Tú has notado cómo te cambia la práctica?
Yo sí. Totalmente.
No porque los problemas desaparezcan. No porque de repente deje de tener objetivos, responsabilidades o miedo. No porque el yoga vaya a cambiar por sí solo la sociedad en la que vivimos.
Pero sí creo que puede cambiar algo en nosotros: la manera de observar, la manera de reaccionar, la capacidad de darnos cuenta de que estamos tensando el cuerpo, de que estamos conteniendo la respiración, de que queremos controlar, de que tenemos miedo. Y quizá, a veces, poder elegir una respuesta diferente.
Lo que ocurre y lo que interpretamos
Hay una cuestión que cada vez me interesa más.
Dos personas pueden vivir exactamente la misma situación y experimentarla de formas completamente diferentes. Incluso nosotros mismos podemos vivir una situación de una manera hoy y de otra dentro de unos años. Entonces quizá no sea suficiente con preguntarnos:
¿Qué está pasando?
También podemos preguntarnos:
¿Cómo estoy interpretando lo que está pasando?
No siempre podemos cambiar el acontecimiento, pero quizá podemos aprender a observar ese pequeño espacio entre lo que ocurre y nuestra respuesta.
Para mí, una parte importante de la práctica está ahí. No en conseguir que la vida deje de presionarnos, sino en aprender a observar qué hacemos nosotros cuando la vida lo hace. Y quizá eso sea una forma de conocimiento bastante útil.
¿Y tú?
¿Qué haces cuando la presión aumenta? ¿Aceleras? ¿Te tensas? ¿Intentas controlarlo todo? ¿Te comparas? ¿O eres capaz de parar y observar?
Te animo a que la próxima vez que estés sobre la esterilla puedas mirar también eso.
🐘🧘🏼♀️
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RETIRO DE YOGA - 27 a 29 de noviembre
“No vemos ni oímos lo mismo”
Un fin de semana para investigar desde la práctica y desde la mente:
¿Por qué entendemos una misma cosa de formas tan distintas?
Práctica de asana cada mañana y cada tarde.
Si quieres información o quieres apuntarte a alguna de estas propuestas, escríbeme.
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